La clave estuvo en la posición tan interesante de Geralt en la sociopolítica del universo de The Witcher. Es un marginado, pero todo el mundo lo necesita por sus habilidades. Es un ser mágico, pero no un mago. Es humano (o al menos lo fue en algún momento), pero ya no es del todo bienvenido entre los humanos. Por otro lado, tiene afinidad con los no humanos, pero tampoco encaja del todo con ellos.